El potasio, que se representa con el símbolo químico K+, es un mineral esencial para el funcionamiento correcto de nuestro organismo. Una de las funciones más importantes del potasio es el mantenimiento de la frecuencia cardíaca, así como la contracción de los músculos y la transmisión de los impulsos nerviosos. Sin embargo, nuestro organismo debe mantener los niveles de potasio en sangre dentro de un rango estrecho (entre 3,5 y 5,0 mEq/L). Una concentración de potasio demasiado baja (hipopotasemia) o, por el contrario, demasiada alta (hiperpotasemia) puede ocasionar una serie de acontecimientos graves.

Las alteraciones del metabolismo del potasio se encuentran entre las más frecuentes en la práctica clínica. No obstante, la hiperpotasemia es la más grave porque puede provocar arritmias ventriculares fatales en cuestión de minutos e incluso un paro cardíaco. Se considera hiperpotasemia cuando el nivel de potasio es superior a 5,0 mEq/L.

Un rápido aumento en los niveles de K+ sérico puede tener consecuencias graves y requiere tratamiento urgente.

El potasio que nuestro cuerpo necesita se obtiene a través de la alimentación. Las principales fuentes de potasio en la dieta incluyen: frutas como las naranjas y los plátanos; vegetales como los aguacates, las zanahorias y los tomates; y otros alimentos como la leche, el yogur, las nueces o las semillas.

Gracias a los riñones, nuestro organismo es capaz de mantener el nivel correcto de potasio en sangre igualando la cantidad que se ingiere con la cantidad que se elimina, en su mayor parte por la orina. Otra pequeña parte del potasio también se pierde a través del tubo digestivo y del sudor.